CERO
ESTRÉS A LA HORA DE ENSEÑAR
Autor:
Gilberto Abels
Uno de los privilegios más grandes para el ministro del evangelio es
poder exponer la Palabra de Dios.
La predicación es un arte que se perfecciona con la experiencia. Sin
duda una de las preguntas más importantes que hace el nuevo ministro es
"¿cómo preparo un sermón?"
Se puede oír y leer los sermones de exitosos predicadores, pero
todavía puede que no sea obvio el proceso de cómo el predicador formula sus
ideas en un sermón. Consideremos los pasos.
POR DONDE
EMPEZAR:
Dios le habló al corazón para llamarle al ministerio. Pero,
probablemente, usted ya tenía tiempo hablando con otra gente acerca de Dios y las
grandes verdades de la Biblia.
En esas discusiones, usted puede encontrar los temas para un buen
sermón. Los requisitos básicos para un sermón efectivo, es que sea sobre un
tema que viene de su corazón y sobre lo cual usted se siente a gusto hablar. Si
tiene claro en su mente lo que quiere enseñar, le va a ser mucho más fácil
predicar con convicción.
1. IDENTIFIQUE
EL TEXTO Y TEMA
Lo primero es saber exactamente sobre que quiere predicar y tener una
porción de escritura que lo explica. Si no tiene un tema definido, la gente
tampoco va a recibir un mensaje claro. Además, el texto que utiliza debe ser
una porción conocida. Si no lo es, usted corre el riesgo de estar interpretando
mal los versículos escogidos.
Hay dos errores que puede hacer el predicador neófito respeto al uso
de la Palabra de Dios. Uno es querer predicar sobre una idea de interés
limitado y luego tratar de forzar un versículo a apoyar su idea, usándola fuera
de contexto. El peligro es que el orden de formular el sermón está al revés.
Mejor sería permitir que la Biblia le hable primero, y dejar que la porción de
escritura le de el tema del sermón.
El segundo error es luchar demasiado a encontrar un tema interesante,
y sobre todo de profundo sentir. Esto comúnmente lleva al predicador a escoger
un texto casi totalmente desconocido, y tratar de establecer una enseñanza
novedosa sobre ello. Esto invariablemente deja a la gente confundida y no
convencida.
Disculpe mi sinceridad; la Biblia es rica en enseñanza, pero no trate
de descubrir algo nuevo o novedoso; eso solo demostrará su ignorancia. Después
de dos mil años de predicación, ya se hubiera descubierto.
Dedíquese a predicar primero los grandes capítulos de la Biblia y las
grandes verdades de la Biblia, antes de dedicarse a temas secundarios. Para no
fallar se puede tomar como ejemplos espirituales los héroes del Antiguo
Testamento y eventos de la vida de Jesucristo.
El secreto para un buen sermón es un buen texto, un buen tema, y una
buena historia. Por ejemplo, la gente nunca se cansa de oír la historia de
"David y Goliat" porque ve en ella reflexionado sus luchas cotidianas
y espirituales. Con la experiencia usted va a poder predicar sobre más temas.
La meta ahora es tener éxito en los primeros sermones para que no se desanime y
reciba una invitación a predicar de nuevo.
Sobre todo, para escoger el texto y tema de sus sermones, dependa de
Dios. Dios le puede indicar en cualquier momento de que hablar. Cuando se le
ocurra una buena idea, apúntelo en un cuaderno. En sus meditaciones diarias, al
leer la Biblia, apunte los textos que pudieran servir para un sermón. Eso fue
el método de Jorge Müller, que abrió orfanatos para miles de niños, cuando
predicaba alrededor del mundo.
2. DESCUBRA
LOS PUNTOS.
Estudie los versículos de su texto escogido hasta encontrar el
mensaje, el orden de presentación, y su lógica. Esos son los puntos para
formular un bosquejo sencillo del orden en que usted puede presentar los
argumentos de su sermón.
Si usted está predicando un sermón temático, cada punto puede ser un
versículo diferente, de diferentes libros de la Biblia, que apoya la enseñanza
en sus diferentes aspectos.
Otro método muy efectivo para escoger los puntos de una plática, es
ponerse en el lugar de los oyentes y pensar que preguntas harían ellos sobre el
texto o el tema. Cada pregunta y su respuesta es un punto, y pronto se
desarrolla el sermón.
3. ESCOJA LOS
PUNTOS.
Siguiendo las instrucciones de cómo descubrir los puntos de un texto o
tema, pronto se dará cuenta de que tiene más información de lo que se necesita
para el sermón. Ahora usted tendrá el lujo de escoger cuales puntos, preguntas
o versículos mejor se relacionan el uno con el otro, cuales serán mejor para su
público, y cuales descartar.
Recuerde que veinte minutos es mucho para un principiante hablar. De
todas maneras, aunque el tema le parezca a usted interesante, muchos en la
congregación no aguantarán el tema por más de treinta minutos. Es mejor ser
breve, confiando que tendrá otras oportunidades de predicar.
4. PONER EN
ORDEN LOS PUNTOS.
A. El propósito del sermón debe de ser el ganar almas o motivar a las
personas a hacer una decisión específica. Con ese fin se tiene que poner los
puntos o argumentos de su sermón en un orden lógico.
El primer punto tiene que ser una introducción al segundo punto, y así
sucesivamente para convencer al oyente. Piense en el abogado presentando el
caso de su cliente en un juicio ordenadamente para convencer a los juradores o
jueces.
B. Ponga sus puntos, argumentos e ilustraciones en orden desde el más
sencillo hasta el más fuerte, siempre terminando su sermón con el punto que
lleva a la gente a hacer la decisión indicada para Cristo.
5. USE
ILUSTRACIONES.
Cuando puede, respalde e ilustre a cada punto con una ilustración
breve. Con una buena ilustración al principio del sermón se puede captar la
atención del público. Reserve su mejor ilustración para el último y más
importante punto. Volviendo a una ilustración de la abogacía, un licenciado
famoso dijo, "el que tiene la mejor historia gana el caso." Gane el
caso para Cristo usando buenos ejemplos con que la gente puede identificarse y
que ilustran su enseñanza.
6. PLANEE LA
INTRODUCCIÓN Y CONCLUSIÓN.
Si usted tiene claro en su mente lo que quiere enseñar y el resultado
que quiere lograr, será fácil preparar el sermón. El ejercicio mejor para
aclarar su mente y enfocar sus propósitos es preparar primero la introducción y
la conclusión.
El cuerpo del sermón vendrá después por añadidura. La introducción
tiene que presentar el tema. La conclusión tiene que repetir los conceptos de
la introducción más dar un llamamiento a hacer una decisión.
Todos los puntos del sermón tienen que apoyar la introducción y la conclusión;
si no, quítelos del sermón. No van.
El sermón tiene que tener un propósito y todo en ello apoyarlo. Es más
que un discurso bonito o entretenido. Si no mueve a la gente, de nada sirve.
Para asegurar su fin, planee antes de todo la introducción y la conclusión.
LA
PRESENTACIÓN:
Durante la presentación debe tener a la vista su bosquejo o apuntes.
No para leerlos, sino para recordarle lo que quiere decir y en que orden. Sea
usted mismo. Hable de una forma natural.
Predique en el estilo en que se siente mejor, sin tratar de imitar a
otros. Predique detrás del púlpito. Si desea dejar el lugar del púlpito, no
camine muy lejos de el y tenga cuidado de que la gente siempre le puede ver y
oír. Si está dando una plática a un grupo informal, por ejemplo en un hogar, se
puede parar o aun sentarse con la gente. Su plática será más breve que un
sermón.
Sea sincero. No se preocupe de los nervios. Con cada predicación será
más fácil.
Sobre todo siempre predique la Palabra de Dios, y no se mete en
asuntos ajenos, ni en fábulas, ni en supersticiones, ni en suposiciones. Dios
bendice la predicación de su palabra. Que siempre sea dicho de usted que
"use bien la palabra de verdad." Que Dios le bendiga a usted y
también su predicación para el crecimiento de los santos y la salvación de
multitudes.
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